La gran prueba

Otra vez se te han olvidado los guantes. Te giras y vuelves a entrar en el portal. Son solo diez minutos hasta la parada de metro, pero el frío ya aprieta en Madrid. Hace días que ya no puedes salir sin el abrigo grande de casa.

Llegas a la oficina justo a tiempo. Vas a la cocina y oyes cómo se cuchichea sobre el amigo invisible mientras se hace el café. Escoges la cápsula “café intenso” y piensas “si, intenso, como la reunión que me espera ahora” y es que esta mañana te has encontrado con una convocatoria para hoy mismo nada alarmante: “URGENTE: cambios importantes para el informe anual”; respiras profundamente mientras ves cómo cae el café en la taza; sabes que se propondrán nuevas cosas así que no sabes si lo que sientes es nerviosismo, curiosidad o preocupación.

Se cierra la puerta de la sala. Observas a todo el equipo sentado en la enorme estancia. Tras una breve charla sobre lo que pasó el año pasado, se presenta el nuevo enfoque: centralización en los territorios de contenido, clasificación y análisis de los mismos al detalle, comparación y visualización de tendencias. Intentas hacer el cálculo de la cantidad de datos que se han recogido durante el año desde los cientos de perfiles y te abruma tu propia aproximación. Una semana para trabajar en ello, recopilar todos los datos y preparar el informe para presentar antes de las vacaciones. Sales de la reunión con una exaltación que sorprende a tus compañeros, cuya mirada parece ya cansada y sobrepasada por la acumulación de tareas.

Te colocas los cascos y cambias de lista de reproducción a una que se adapte más a tu entusiasmo actual. Abres el email y rebuscas hasta que encuentras el asunto que estabas buscando: “Empieza a disfrutar de tu contenido”; tan misterioso y discreto como la primera vez, lo abres con ilusión. Entras en tu cuenta y te relajas navegando entre filtros y palabras clave, identificando claramente lo que mejor ha funcionado, encontrándole una explicación sencilla a esa bajada del engagement y comprobando al detalle cómo se ha reproducido ese vídeo con tanta inversión. Piensas en la suerte de que te hubieran escogido para probar esa tecnología tan misteriosa y te ríes en silencio recordando que llegaste a pensar que podría ser algo peligroso; decides que esa tarde verás una peli de ciencia ficción… aunque igual no deberías seguir alimentando tu imaginación.

Email redactado e informe terminado. Respiras profundamente y tras pensártelo una última vez pulsas “Enviar”, inmediatamente te salta un mensaje “parece que te has olvidado de adjuntar un archivo”. Piensas en cuántas veces te habrá salvado la vida ese aviso, adjuntas el informe y vuelves a repetir lo que has bautizado como “el ritual del envío importante”: comprobación, respiración y “Enviar”. Te quedas mirando la pantalla hasta que te sale el aviso de “Enviado”, sonríes, coges el móvil y escribes: “Ey! salgo ya, en 10min estoy ahí.”

Fin.

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