Entrenamiento

Levantas la vista: 09:12 y bajando. Te parece que el tamaño de la pantalla magnifica la velocidad a la que corren los segundos; piensas que le hubiera dado más dramatismo poner un reloj de arena gigantesco pero claro, estamos hablando de analizar datos al más mínimo detalle, como para ponerte a contar los granos de arena que quedan. Lleváis más de dos tercio del tiempo consumido y estáis estancados en la última prueba. Coges de nuevo el folio:

Hoyeselprimerdia_cap5_pruebasW

Os ponéis manos a la obra sin perder ni un minuto. Mientras creas filtros, cambias keywords y analizas con tu dispar e improvisado grupo de trabajo, piensas en el tiempo que se tardaría en resolver esas pruebas sin esa tecnología que tanto misterio suscita. Te imaginas en la oficina encendiendo el flexo por la oscuridad anticipada del invierno, con mil papeles con tachones, Excels con más columnas que letras tiene el abecedario y un buen puñado de pestañas de Chrome abiertas; haces un cálculo aproximado… ¿días? ¿semanas?

Notas que te estás distrayendo justo cuando tu compañero te da un codazo: –listo ¿no? ¿cómo lo ves?– Revisas y asientes, sonriendo de satisfacción al comprobar que las conclusiones os han quedado sorprendentemente contundentes, precisas y bastante válidas. Suena un pitido intenso. Justo a tiempo. –Muchas gracias por vuestra participación ¡ya sois libres!- una ocurrente joven se levanta de un salto apagando la alarma y comienza a recoger los resultados mientras se ríe de su propio chiste. Piensas que tendrá unos cuantos años menos que tú, pero te sorprende su conversación con el primer grupo: –…sí, claro, es por el algoritmo, desde luego, Facebook la lía cada dos por tres– se vuelve a reír de su chiste y continúa danzando entre las mesas.

Desde el catering y bebiendo el último sorbo de café observas a tu grupo: son individualmente muy diferentes pero de una forma que no sabes explicar, todos tienen algo en común. No te suele pasar muy a menudo, el congeniar tan bien desde el primer momento. Te sorprendes imaginándoos a los cuatro trabajando en tu departamento, cada uno con su ordenador, analizando hasta el más mínimo detalle de cada publicación.

Llegas a la mesa y tu compañera pelirroja os desconcierta formulando la pregunta que nadie se había atrevido a hacer hasta el momento: –¿Y ahora qué?– Te encoges de hombros –Nos ha dicho que ya somos libres- contestas, con una sonrisa inquieta. –Hoy, en realidad, solo ha sido el primer día de vuestro contenido.- te giras y compruebas que esa afirmación tan rotunda proviene de W, que os sonríe tranquilamente mientras ordena los papeles de las mesas vacías.

Leer capítulo anterior                                                     Leer siguiente capítulo