El primer día

Lunes, día uno o dos del mes, siete u ocho de la tarde. Dos pantallas, tres pestañas de Excel abiertas, tú, el Power Point y la taza de café ya vacía. Tienes que entregar ese informe de contenido. Un mes más luchando por demostrar que ese post ha funcionado, intentando buscarle explicación a la bajada del engagement y analizando cómo se ha reproducido ese vídeo.

Entre tanta revisión de repente lo ves: ese dato, está mal… Suspiras largamente mientras te frotas los ojos cansados, te cruzas de brazos y hundes tu cabeza en ellos ¿será el único dato erróneo? ¿habrá más fallos? Te reincorporas y antes de volver al océano de números, celdas y colores, abres el WhatsApp “nada, cenaré algo en la ofi, te veo luego”.

Ocho y media de la mañana, se te cierran los ojos mientras se enciende el ordenador… El informe está terminado, pero las conclusiones no te convencen. Cada mes piensas lo mismo, ojalá tener tres días más para analizar el contenido en detalle; pero siempre pasa lo mismo, con tanto “copy-paste”, tanta celda de Excel y el mareo que da la luz del flexo, al final el cansancio y las prisas acaban pudiendo contigo.

Llegas a casa el viernes después de una semana intensa de informes, análisis, repaso de estrategias y propuestas. Sueltas el portátil y te dejas caer en el sofá con el único objetivo de dormir una siesta más larga de lo permitido. De repente, te suena el móvil. Es un email. No sabes si por pereza o miedo, no quieres alargar el brazo y revisarlo. Al final la curiosidad consigue que hagas un esfuerzo sobrehumano para alcanzar el móvil, aunque sin ninguna intención de leer el email. Sin embargo, el asunto te sorprende: “Hoy es el primer día de tu contenido”.

No te suena haber recibido nunca un email tan escueto y misterioso a la vez:

«Esta es una invitación oficial, personal e intransferible para que te unas a la aventura de explorar el contenido.»

Va acompañado de una convocatoria: una fecha, una hora y una localización.

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